Especial festivales: Crónica del Festival de Sitges 2017: Día 3

Sábado, 7 de octubre

Si empezamos viendo tres películas en un día para después pasar a cinco, hoy subimos al máximo que cuerpo y mente nos permiten ver: seis. A primera hora vemos otra entrega de la Secció Oficial Fora de Competició. Vuelve un querido del festival con Muse (Jaume Balagueró, España).  Adaptando una novela fantástica española, la película gira en torno a la inspiración y las musas. Convierte a estas en seres poderosos que, desde hace siglos, han estado influenciando y manipulando a los poetas más famosos de la historia. Sin embargo, tras plantear una serie de normas para estos personajes, éstas dejan de seguirse y la supuesta amenaza de las musas apenas es notable, ni mucho menos atemoriza. Además, cuando la película pretende ser un thriller fracasa en seguida, haciendo que los protagonistas tengan en bandeja todas y cada una de las pistas necesarias para revelar el misterio principal.
Nos vemos obligados a elegir entre Argento (acompañado de Guillermo del Toro) y Friedkin. Suspiria (Dario Argento, Italia) coincide incomprensiblemente con Sorcerer (William Friedkin, Estados Unidos), ambas en distintas subsecciones de Sitges Classics. Nos decantamos por la segunda y vemos un clásico que, pese a no ser de género fantástico, sí que llega a aterrorizar y provocar una tensión gracias a su excelente puesta en escena y secuencias muy, muy arriesgadas de filmar. Tras la proyección, Friedkin nos cuenta diversas anécdotas que enriquecen la sesión.


Sessió Especial en Retiro. Ana Lily Amirpour nos presenta su segundo largometraje, The bad batch (Estados Unidos). Tras exagerados aplausos y vitoreos por parte del público, vemos una película que durante dos tediosas horas no va a ninguna parte. Todo es estética, pero ni siquiera aprueba en ese apartado. Personajes que van y vuelven de escenarios sin motivo alguno, escenas musicales gratuitas o diálogos absurdos y pretenciosos adormecen a media sala (aunque entusiasman a la otra mitad). La confirmación de que lo que acabamos de ver no habla absolutamente de nada nos la da su propia directora cuando, tras la pregunta de una espectadora respecto a la flexibilidad de la moral y la ética según contexto, ésta se queda en blanco y no sabe que contestar. 

Permanecemos en Retiro para ver una de Anima't, Loving Vincent (Dorota Kobiela y Hugh Welchman, Polonia y Reino Unido). El principal aliciente con el cual se presenta es la técnica con la cual se ha realizado, mediante un cuadro al óleo por fotograma. Sin embargo, aprovecha esto de manera limitada y se centra en mostrar, a través de ficción más o menos rigurosa, diversas opiniones sobre el pintor tras un año de su muerte. Es de agradecer que no caiga en la pretensión de ser un biopic definitivo ni de ir a por la lágrima fácil.



Vamos hasta Prado a ver dos dentro de la sección Noves Visions OnePirmdzimtais / Firstborn (Aik Karapetian, Letonia) tocó un tema relevante como la fragilidad de la masculinidad con un ligero punto fantástico. Pese a construir poco a poco un clímax que parece apuntar a lo sobrenatural, la historia lo deja a un lado, a la vista, pero apartado. Acaba teniendo más protagonismo la figura del hombre que la de la mujer, que termina en muy segundo plano pese a la fuerza que tiene durante el planteamiento.

La sexta y última que vemos bien entrada la noche es Kuso (steve, Estados Unidos). Su autor, más conocido por su nombre artístico musical, Flying lotus, plasma su ansiedad respecto al Big one, el terremoto devastador que se prevé que tendrá lugar a lo largo de la falla de San Andrés. Para ello combina cuatro historias, secuencias animadas y pequeños gags con un humor escatológico (nivel medio) y muchas raciones de pus, mierda y semen. Sin discurso alguno y con la intención de echar una risas, cerramos la jornada rompiendo algunos tabúes como ver un pene en pantalla o que una criatura transdimensional te haga un aborto express.


Mientras tanto, Santiago Segura recibe el Premi Màquina del Temps y Susan Sarandon, antes de una proyección golfa de The Rocky Horror picture show (Jim Sharman, Estados Unidos), el Gran Premi Honorífic.

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