17 April, 2007

Invasión USA Revisada

A diferencia del nacionalismo, el patriotismo no necesita de una forma de gobierno para manifestarse aunque a lo largo de la historia éstos se han servido de este sentimiento para justificar distintas empresas. En "Shooter - El Tirador", a Bob Lee Swagger su gobierno le encarga planificar el asesinato de su Presidente como forma de prevención de un posible atentado. Lo que Lee Swagger no tardará en descubrir es que ha sido víctima de una conspiración gubernamental para cometer un acto de terrorismo internacional y ser ejecutado como cabeza de turco. Lee Swagger encajaba con el perfil. Ex-marine desencantado, ermitaño y esforzado patriota, características esenciales para dibujar el perfil del patriota desilusionado capaz de matar a su presidente o asesinar a 33 estudiantes del campus universitario de cualquier ciudad americana.

Dirigida por Antoine Fuqua, "Shooter - El Tirador" basa su eficacia en la revisión genérica que propone a partir de los clásicos de acción de la década de lo ochenta (me acuerdo ahora de "Yo Soy La Justicia" con Charles Bronson o "Invasión U.S.A." de Joseph Zito con Chuck Norris) revisando su contenido ideológico y revistiendolo de cierta crítica política. Fuqua, que como mencionaba Jordi Costa en su crítica de El Pais, nunca fue ese gran director que iba a ser, analiza con mas seriedad de lo que un producto de serie B como éste merece, la figura del anti héroe, estudiando el significado último de lo que se entiende hoy día por patriotismo y como éste inspira tanto a héroes como a villanos. Un discurso no exento de cierta ambieguedad moral que a la postre es lo mas estimulante de un relato que se antoja plano en su ejecución y en su cuestionable resolución.


Mark Walhberg se deshace del malhablado policía de "Infiltrados" con un personaje como Lee Swagger, parco en palabras y solitario por naturaleza que se plantea en última instancia, cuales son sus lealtadas últimas y para quien. El tiroteo final, con explosiones y cuerpos por los aires, además de recuperarnos los mejores momentos de esos títulos de los ochente de los que escribia unas líneas mas arriba (me acuerdo entonces de "El Acorralado" con Sylvester Stallone o las peores películas de Michael Dudikoff), deja las cosas muy claras. Lo peor entonces es cuando el espectador de estas películas se muestra incapaz de discernir las intenciones de su discurso y, haciéndose con un rifle de asalto, irrumpa en el aulario de cualquier universidad o colegio y como Lee Swagger, imponga su ley. Lean los periódicos.

02 April, 2007

Los 300 Del Telediario

Durante la Segunda Guerra Mundial el aparato propagandístico nazi utilizó la gesta de Leónidas en las Termópilas como ejemplo de lo que sería Stalingrado. A lo largo de la historia, héroes y villanos han utilizado la hazaña espartana a su antojo como ilustración de lo que deberíamos entender como la belleza de la contienda y el sacrificio final que ésta conlleva. La contienda como gesta que nunca acaba y que tiene su eco en los cuadernos de Historia. Vamos a perder esta batalla, si, pero haremos que nadie se olvide jamás de que caímos en este lugar. Marcar con una X el lugar. Subrayar en los apuntes la fecha exacta. Los nazis asimilaron el rigor del entrenamiento espartano, la exigencia de su sacrificio y sobre todo, la parafernalia bélica con la que alimentó y fascinó a toda Alemania. Bien, pues algo de todo eso (fascinación, fanfarria, puesta en escena) subyace en la visión que Zack Snyder ha realizado de "300" a partir de la obra gráfica de Frank Miller, inspirada a su vez en la batalla que Leónidas y sus 300 espartanos libraron hace unos 2500 años.
Frank Miller quedó mas que contento con la fidelidad con la que su obra de culto, "Sin City" fue adaptada por Robert Rodríguez gracias a la pantalla verde. La crítica ya entonces juzgó con frialdad el experimento, alabando los logros formales de la película pero remarcando la distinción entre los soportes, el cómic y el celuloide, y como lo que en uno puede funcionar a la perfección en el otro puede no hacerlo. Consciente de los pros y contras, Zack Snyder a la hora de adaptar una nueva obra de Miller, "300", ha dado un paso mas allá. Ha ajustado las duraciones de sus ilustraciones, forzando el montaje y reduciendo en buena medida la caricaturización de sus protagonistas dotándolos de cierta humanidad. El resultado a simple vista es excepcional.

A parte de descubrir al homosexual que todo hombre lleva dentro, como diría un colega, "300" es un entretenimiento de facturación impecable realizado con una fidelidad extrema que no obstante, no le impide respirar por si solo. Snyder construye cada pieza de la batalla con extrema delicadeza, dosifica las arengas y desdramatiza como puede. El resto es carnicería.
Y menuda carnicería. Snyder no escatima sangre, como tampoco lo hizo en "Dawn of the dead", sin embargo su violencia es inofensiva en tanto se aleja de cualquier atisbo de realismo. No es realismo lo que pretende Snyder (y si así fuera su fracaso sería espectacular). Pretende conmocionar. Lamentablemente, a la hora de conectar con el espectador Synder confunde estruendo con comunicación. A pesar de los decibelios de su espantosa banda sonora, el fervor belicista de su Leónidas y su montaje sincopado y abrumadoramente agresivo, "300" es una película acartonada, desprovista de cualquier atisbo de aliento (o desaliento) y decididamente aburrida (en cuanto a reiterativa). No juega Snyder nunca las bazas de su fatalismo, muy al contrario trufa su discurso de un triunfalismo infantil que nunca termina de funcionar. El enemigo, desdibujado y caricaturizado nunca imprime el temor del que hablan sus soldados.

Finalmente, a pesar de su etiquetado de dibujo animado, el espectador no puedo por menos que hartarse de su belicismo de parvulario que muchos pueden malentender. No esta el horno como para mal interpretar discursos. Frente a las guerras de verdad que se libran cada sobremesa en los telediarios y en las que mueren cientos de personas, el trabajo de Miller y Snyder se antoja ridículo y desde luego, absolutamente alejado de la auténtica y única verdad de toda contienda: el dolor.