Crónica del Festival de Sitges 2016: Día 3

Domingo, 9 de octubre


Por la tarde empezamos el día más tranquilo de todo el festival, que también resulta ser el más decepcionante. Primero vamos a Retiro para ver Beyond the gates (Jack Stewart, Estados Unidos), de la sección Panorama Fantàstic. Su director, junto con la protagonista Brea Grant (Halloween II, Pitch perfect 2) y la estrella de la película, Barbara Crampton, presentan la producción. La cosa queda como una versión terrorífica de Jumanji (Joe Johnston, Estados Unidos, 1995), salvo por un ritmo irregular debido a numerosas pausas por parte de los protagonistas mientras juegan al misterioso juego. Pese a su corta duración se nos hace lenta y la combinación de humor, drama y terror resulta fallida. Barbara recibe el premio Màquina del Temps esta misma noche.

Después nos movemos hasta Prado para el pase de Vestigis/Vestigios (Iván Morillo, España y Suiza), de Noves Visions Plus, presentado por su director, el productor Thomas Spieker y el guionista Iván Humanes. La curiosidad del día es que el pase anterior ha sido Are we not cats, con la presencia de su director, que lidera una curiosa marcha de gente alzando una gran bola de pelo vista en la película. Volviendo a Vestigis: Rodada independientemente en Roses, un misterioso psicólogo lleva a cabo una inusual terapia de pareja. Lo que empieza como una pequeña historia con drama familiar, romance y suspense termina pareciéndonos una sucesión de escenas inconexas con la misma pretenciosidad que tiene el personaje del psicólogo, afirmando que la psicología es inútil. La apuesta es necesaria, pero perdemos.



Abandonamos la rueda de preguntas y respuestas para hacer cola, en el mismo cine, para la primera proyección de la que consideramos la sección más atrevida, Seven Chances. El documental David Lynch: The art life (Jon Nguyen, Olivia Neergaard-Holm y Rick Barnes, Estados Unidos y Dinamarca) nos muestra las dos primeras décadas de la vida del artista, narradas por éste mismo. Desde su nacimiento hasta el rodaje de Eraserhead, Lynch explica con detalle su infancia y su adolescencia, incluyendo todo aquello que rondaba por su cabeza. La obra es adecuada como introducción a quienes hayan descubierto recientemente al artista. Para las personas ya informadas apenas habrá nada nuevo y, para colmo, el abuso de largos planos con Lynch fumando o reflexionando y la invisibilidad de la voz en off dejan la amarga sensación de que podríamos habernos acercado más al autor. Lo más probable sea que éste se niegue a ello. En conclusión, el aliciente para ver el documental son las numerosas obras de arte que nos muestran, así como el proceso de creación de algunas de estas.

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