29 April, 2005

Rocky Balboa pierde su último Asalto

Iba a empezar escribiendo: "No sé que es lo que tienen las películas de boxeadores que siempre hablan de perdedores". Lo hacía a propósito de "Million Dollar Baby" y teniendo como referente inmediato el "Fat City" de John Huston, pero no es exactamente así. O al menos, no todas tratan de igual modo a la figura del perdedor. Rocky Balboa se encargó de ello, a pesar de perder el asalto definitivo frente al legendario Apollo. Sin embargo, Rocky tuvo cuatro oportunidades mas de borrar la estampa del perdedor y convertirse en la imagen del triunfo e icono de los años ochenta. Los protagonistas que cruzan los distintos asaltos de sus vidas en la estupenda nueva película de Clint Eastwood, están en cambio, muy alejados de esa imagen del triunfador hormonado que patentó Sylvester Stallone en la era Reagan; un ex boxeador con un ojo de cristal que pasa los últimos años de su vida recogiendo los escupitajos de los nuevos púgiles, un entrenador que dirige el gimnasio con mas déficit de la ciudad, incapaz de enfrentarse a la victoria y una camarera sin autoestima, que quiere triunfar como boxeadora. Lo que a priori se presenta como una historia sobre últimas oportunidades con algo de superación se transforma a medida que avanza la película en poderoso retrato de tres personas en el temprano ocaso de sus vidas o sus carreras. Con lo que esto añade, a la fotografía (estupenda de Jon Stern), la música (compuesta por el propio Eastwood a partir de una serie de notas al piano) y por supuesto a la puesta en escena. Me comentaba una señora a la salida de la película que se había tenido que imaginar la película porque a penas si se veía algo. Lo decía con la seguridad de tener la verdad absoluta. La señora insistía en haber visto ya la película en otros cines de la ciudad y lo había hecho con otra luz. Antes de que pidiera el libro de reclamaciones, insistí en que la culpa era de Eastwood y de Stern por hacer una película tan negra y no de un pobre proyeccionista como yo o de una máquina vieja y cansada como la de la Sala 4. La señora no pareció nada convencida, pero en el caso de que su demanda hubiera prosperado, ésta la tendría que haber encabezado a nombre de Malpaso Producciones y del propio Clint Eastwood. Muchos espectadores piensan que ir al cine es como ir a una sala con cientos de butacas para ver una película (o un partido de fútbol) en una tele gigante. Algunos salen de la sala para decirnos que le bajemos el sonido, otros como la señora antes mencionada, para que le subamos el brillo. Estoy seguro de que cuando se estrenara "La Lista de Schindler", por poner un ejemplo, alguien saldría de la sala para quejarse al operador de que la película se veía en blanco y negro, que le diera un poco de color. No entiende ese sector del público que una película es una obra artística y que como tal es intocable e inalterable, pues así es como ha sido concebida por su autor. ¿Que diría Jon Stern si cada proyeccionista pudiera regular el brillo, el contraste y el color de su trabajo?. A este paso, un día alguien irá a la Tate Gallery y pedirá que le rebajen el color a "Los Girasoles" de Van Gogh. Por supuesto, nada de esto le dije a la señora que se me quejó de la oscuridad física y emocional que impregna cada fotograma de "Million Dollar Baby". Como me respondió Enrique, el portero, cuando le comenté el incidente: "Por qué no le dijiste a ella todo lo que me acabas de contar sobra el artista y la inalterabilidad de la obra de arte?". Pues eso. Uno siempre construye los mejores discursos, las protestas más sonoras, en su imaginación. Así, evidentemente, es muy difícil cambiar el hábito de las cosas. Eastwood por su parte, si ha cambiado algo: el modo de entender a los perdedores.

28 April, 2005

Celdas de atrezzo; Las horas de luz del actor español

Que poco ruido ha hecho Alberto San Juan para convertirse protagonista. No es nada fácil. El cine español mas que ninguno otro, encasilla de forma férrea a sus actores en una serie de roles de los que es muy difícil desprenderse. Para bien o para mal, Juanjo Puigcorbé por ejemplo, protagonizó una incontable serie de títulos como actor protagonista aún careciendo por completo del carismo de un protagonista y a pesar del fracaso de la mayoría de sus películas, nadie se planteó "probarlo" como actor de reparto o como estrella invitada en alguna ficción televisiva. Juan Diego Botto, daría otra noción dentro de este concepto. Siendo como es, un pésimo actor tal y como ha demostrado en sobradas ocasiones (La Celestina, Los abajo Firmantes o Roma). Eduard Fernández, encajando en el prototipo del secundario perfecto , como Alberto San Juan, han cambiado en cambio todos los conceptos preestablecidos, haciendo las veces de solventes protagonistas (Fausto 5.0 y Horas de luz respectivamente) sin por ello despreciar los papeles pequeños (En La ciudad y Días de Fútbol por ejemplo, de nuevo respectivamente). Al actor español le faltan personajes, ya sean protagonistas o secundarios y le sobran protagonistas de sainetes imposibles a pesar de que Antonio Resines se ponga serio. Alberto San Juan me ha sorprendido en "Horas de Luz". La película de Manolo Matji está narrada de forma algo convencional y el guión pasa de puntillas por los aspectos mas interesantes de la historia (la vida interna en la cárcel, el sentimiento de culpa del asesino protagonista) para centrarse en la carnaza sentimental y la reinserción propagandística, pero aún así, y a pesar de los esfuerzos de cada uno de los departamentos que intervienen en la producción de la película, desde ambientación a fotografía o sonido por disimular el silencio atroz de la cárcel, una vez se han ido las visitas, es Alberto San Juan quien, a través de su mirada, perdida, algo vacía y su silencio, el que mejor consigue describir el día a día entre rejas y lo que sucede en cada una de esas celdas de atrezzo que recorre la cámara hasta llegar a la mirada de Emma Suárez.

26 April, 2005

Un Seat Panda con un motor de 200 Caballos

Hace unos días ví por televisión una entrevista a Imanol Arias en la que afirmaba estar rodando una película sobre un mecánico de coches que se dedica al próspero negocio del tunning. No recuerdo el título, pero se trata de un remake a la española de una película francesa que creo, jamás se llegó a estrenar en territorio nacional. No iban a ser los americanos los únicos, pensarían. Hoy día se "tunea" todo, incluso las películas. Hacer remakes no es otra cosa que "tunear" una serie de películas, trucándole su tubo de escape, versionando su banda sonora para las pistas de baile y utilizar estirillas de aluminio en lugar de celuloide. Hay también películas, que no siendo remakes, utilizan también la técnica del "tunning" para contar su historia. Es el caso por ejemplo de "Robots" la última apuesta de la división animada de la Fox, Blue Sky, por hacerse un hueco en la taquilla que genera el cine de animación. "Robots" utiliza elementos del Disney mas tradicional y los agita en la coctelera de lo imposible, con la vena mas dócil de la Dreamworks de "Shrek" y el imaginario inimitable de la Pixar. Si con "La Edad de Hielo", Chris Wedge y Carlos Saldanha parecían haber encontrado su propia senda dentro del terreno de la animación en 3D, "Robots" muestra lo contrario, evidenciando una puesta a punto descacharrante y hortera, como lo son todos esos vehículos de serie tuneados por aficcionados al trance y el extraradio. Y es que, no hay nada mas triste que un Seat Panda con un motor de doscientos caballos. Algo parecido le ocurren a los robots protagonistas de la cinta de Wedge y Saldanha, que aún utilizando el efecto "trans-former", no consiguen nunca ponerse a doscientos.

24 April, 2005

Idolatrando a Manuel Gómez Pereira

De todas las veces que Pablo y yo intentamos ver "Desafinado", nunca conseguimos llegar hasta el final. Las causas fueron numerosas, casi siempre la cerveza estuvo detrás. También el destino, supongo, y finalmente, el sueño. No pocas veces caímos redondos en aquel incomodísimo sofá víctimas del tedio soporífero del doblaje de la película por un lado y la cirugía de George Hamilton por otro. Por su vigésimo noveno cumpleaños, fue cuando le regalé el VHS de la película de Manuel Gómez Pereira a Pablo. La encontré en la estantería de saldos de un Blockbuster y la compré por dos euros. Antes de eso, estoy hablando de la primavera del 2004, "Desafinado" se había convertido en la película maldita que todo buen cineasta sueña con hacer, aunque nadie la húbiera visto. Pablo y yo admirábamos a un productor como Andrés Vicente Gómez, capaz de poner en la mano mas de mil millones de pesetas para hacer una comedia extravagante con George Hamilton como protagonista y un director como Gómez Pereira, capaz de dilapidar tan fastuoso presupuesto sin remordimientos y recaudar algo menos de 5 millones. "Desafinado" era para nosotros ese gran enigma que en general viene a representar a todo el cine español, que permite la producción de películas en nuestro país, por muy descabellados que sean sus argumentos y muy paupérrima fuera su taquilla. La taquilla a fin de cuentas, es lo que menos importa en el cine español. Hoy, casualidades del destino y después de los cientos de intentos por ver "Desafinado" sin sucumbir al sueño, me he visto dos películas, 2, de Manuel Gómez Pereira: "Reinas", su último trabajo, todavía en salas y "Cosas que hacen que la vida valga la pena", estrenada sin mucho ruido el otoño pasado con Ana Belén y Eduard Fernández como protagonistas. Cuando se lo comente a Pablo no dará crédito seguro. Ninguna de las dos películas me ha despertado mucho interés, aunque me han mantenido despierto, eso sí. "Reinas" no deja de ser un entremés cómico algo desfasado y deliberadamente folletinesco, un poco casposo y decididamente oportunista. Gómez Pereira realiza una nueva muestra de la comedia mas blanca mediante los enredos que provocan una serie de personajes trazos con tiralíneas, desmayados ante tanto tópico. En "Cosas que hacen que la vida valga la pena",exhibe en cambio un esforzado cambio de talante, buceando entre el drama localista que pudiera dirigir Miguel Albadalejo y la comedia nuevamente desfasada que impregna todo su trabajo. El producto se resiente a base de concesiones imposibles y en ambos casos, en "Reinas" y "Cosas que hacen...", gracias al batiburrillo cronológico y el abuso de ciertos trucos de montaje impropios en un veterano como el gran José Salcedo. Menos mal que existe Santi Amodeo para contrarestar tal empacho de Pereira, aunque éste no cuenta con presupuestos multimillonarios.

21 April, 2005

Un Junio de 1993/ Decenas de cajas Naranjas con olor a 3D

Hace ya una semana que finalicé la nueva mudanza. No sé cuantas van ya pero esta quiere ser mas o menos definitiva. Sería lo mejor. No sé si las copas más frágiles, mi pequeña colección de vinilos o los cientos de VHS's empaquetados en cajas de Doritos soportarían un nuevo porte. Cada mudanza te obliga a dejar cientos de pequeñas cosas atrás (un juego de lámparillas de noche que nunca te gustaron, aquel pinguino de trapo con cara de mala leche lleno de polvo, el juego de espadas que viste durante tantos años colgado por encima del televisor), aunque uno se resista a hacerlo. Así por ejemplo, me negué a deshacerme de la colección de Fotogramas que desde 1989 de forma mas o menos regular he ido comprando cada mes. A fin de cuentas y a pesar de mis críticas actuales, han sido uno de los pilares de mi educación cinematográfica. Han alimentado mi parte mas mitómana, ha hecho que me aprendiera los nombres de mis directores favoritos o de mis montadores afines. El caso es que ya están en la nueva casa. Apiladas cronológicamente, dispuestas a soportar todas las nuevas mudanzas que se puedan avecinar; aunque siempre se pierda algún mes en el porte. Un Junio de 1993 por ejemplo. Con los VHS's y ahora los DVD's pasa tres cuartos de lo mismo (menuda expresión), aunque en este caso el problema es distinto. Abiertas todas las cajas, colgados los cuadres, desempaquetada la vajilla y la cubertería, regadas las plantas queda el gran problema de ordenar mas de mil títulos apilados en decenas de cajas naranjas con olor a 3D. El criterio de ordenación ha sido ciertamente arbitrario y estoy seguro de que al menos, durante los próximos tres meses, me será completamente imposible encontrar "Un Corazón en Invierno" de Claude Sauset, por ejemplo. A la habitual clasificación entre clásicos y cine contemporáneo, la necesaria separación por géneros y los distintos monográficos (en mi caso Jean Renoir, Woody Allen, Alfred Hitchcock, Sam Peckimpah y los Hermanos Marx) se añaden una indeterminada colección de títulos que vienen a engrosar el autodenominado cajón desastre, donde lo mismo te puedes encontrar a "Harold & Maude" al lado de los "Cazafantasmas". Lentamente, cada título irá haciendose con su propio espacio, moviéndose hacia la casilla correspondiente, encontrando su lugar. Mas o menos, como vamos haciendo todos, día a día.

20 April, 2005

Ratzinger No Es Billy Wilder

Si en realidad Dios fuera Billy Wilder como aseguró Fernando Trueba al recoger el Oscar por "Belle Epoque", el mundo en general sería un lugar mejor. A Dios le falta sentido del humor y el alemán Ratzinger, elegido sucesor del Papa Juan Pablo II y nuevo emisor de Cristo en la Tierra es la peor muestra de ello. Al mundo en general le faltan mejores comedias. Autores capaces de realizar obras que de algún modo nos hagan (o al menos nos hagan sentir) mejores. Las dos últimas comedias que he visto comparten nacionalidad, estadounidense, e idénticos planteamientos. Son dos mediocres ejercicios de mercadotecnica al servicio de dos estrellas mediáticas que en uno de los casos, incluso se autoproduce su propio vehículo de exhibición. Hablo de "Hitch: Especialista en ligues" de Andy Tennat y "Miss Agente Especial 2: Armada y Fabulosa". Dos nuevas muestras del estado comatoso de la comedia americana, muertos Lubitch, Wilder, Tatí y con Stanley Donen en cuidados intensivos y Woody Allen en rehabilitación. Las dos películas de las que hablaba comparten la premisa de unos protagonistas que aparentan saberlo todo para al final de sus aventuras descubrir que estaban absolutamente equivocados en sus planteamientos. Al final de sus respectivas aventuras, Alex Hitch descubrirá que el amor es algo imprevisible ajeno a cualquier regla preestablecida y la agente del FBI Gracie Hart comprenderá a regañadientes el tan manido: la belleza está en el interior. Las dos responden al modelo tradicional y nunca se escapan del arquetipo a seguir, incluido el happy end. Justo lo contrario que predican Wes Anderson, Charlie Kaufamn o Alexander Payne, nuevos popes terribles del estandar americano. Un estandar que evita las sorpresas, incapaz de ofrecer algo nuevo y temeroso al fracaso. No me canso de decírselo a Enrique, el portero de los cines: la gente quiere ver siempre la misma película. Quiere ver a la chica llevarse al chico, en la mayoría de las ocasiones. Los espectadores pagan su entrada para ver algo que saben de antemano como va a terminar. Prescinden en la medida de lo posible de la sorpresa y de lo novedoso para ver secuelas interminables, remakes imposibles y adaptaciones de una eterna, misma novela de aventuras. Desde hace casi treinta años se vienen haciendo las mismas películas, una y otra vez. Acudiendo siempre a los mismos modelos, a la resurrección de los géneros y al antihéroe por antonomasia.

19 April, 2005

Habana Blues Por Sms

A las nueve y treinta minutos de la noche, sólo tres personas habían entrado en el cine. Dos tipos vestidos con ropas de trabajo se atrevieron a ver "Miss Agente Especial 2: Armada y Fabulosa". Una chica, bastante atractiva por cierto, se metió en la sala 1, donde estamos pasando "Habana Blues", la nueva película de Benito Zambrano. Los lunes son siempre días así y aunque a veces hay lunes deslumbrantes, por lo general, suelen coincidir con la definición y el estado oficial de las cosas. Así, hemos pasado la tarde dibujando coches imposibles, escuchando una y otra vez el mismo cd, teorizando nuestro inmediato futuro e idealizando uno mejor, riéndonos de Gyrma, nuestra taquillera, capaz de dormir y masticar chicle al mismo tiempo, o embadurnándonos con el Petit-Suise de Alejandro. Las cosas se enderezaron en el último pase gracias a "Hitch: Especialista en Ligues", una comedia convencional y algo vulgar sobre las diatribas del amor protagonizada por Will Smith y "El Escondite", tramposa y delirante cinta de suspense a costa de un inmutable Robert De Niro y una insoportable niña prodigio llamada Dakota Fanning. Aprovechando el síndrome del lunes, relajé mis ocupaciones y, delegando en Enrique, el fiel portero de los cines, toda responsabilidad, me metí a ver "Habana Blues" en una sala completamente vacía. La película cuesta, primero creérsela, luego, digerirla. Benito Zambrano ya demostró en "Solas" que es capaz de provocar las mas profundas emociones con solo una imagen, como aquella ventana que no daba a ningún lugar, tapada con cemento y ladrillos. En "Habana Blues", a pesar de no ser ni mucho menos una película brillante, de responder al estereotipo del género, en este caso el musical de un puñado de músicos que quieren triunfar y salir del arroyo, y permitirse el lujo de caer en todos los tópicos que le da la gana, tiene dos o tres momentos de esos que te arrancan algo de dentro. Una emoción sincera y sin coartadas. Mucho tiene que ver en ello la manipulación dramática de los distintos resortes de los que dispone Zambrano, muy en especial, la música. Y es que "Habana Blues" te habla de amistad, de esperanzas, de sueños, anhelos y otras utopias con ingenuidad, aunque curiosamente consigue los momentos mas emotivos cuando en ese impecable discurso, se adivinan los ecos de la soledad, la nostalgia, la necesidad y sobre todo, la distancia; aquella que te aleja del amigo, de la chica en cuestión, de la playa en calma de tu vida. Por todo ello, al salir de la Habana de Benito Zambrano lo haces tarareando las "Arenas de la Soledad" del número final y lo haces con la impresión de que, a pesar de que evidentemente la Cuba de la que hablan en realidad no existe, cada uno tiene en el fondo esa patria chica a la que mirar y en la que refugiarse. Quizá por todo ello, esta noche, a eso de las tres de la mañana, me he sorprendido a mí mismo enviando un SMS a un viejo amigo del que hace ya varios meses que no se nada de él, con la esperanza de encontrar en su mensaje de vuelta, algo de lo perdido en todo este tiempo, algo de la soledad que a ratos, te engancha frente a una pantalla en blanco o una canción tonta, por ejemplo.

15 April, 2005

Puesta al día / Por última vez

Finalizada la mudanza, desempaquetadas todas las especias, me pongo al día. Asumo los retrasos y pongo punto y seguido. Releo el último post que escribí hace años y hoy, tanto tiempo después, puedo decir que aquella periodista tan madrugadora tenía razón: "Abierto desde 1954" ha sido seleccionada para el VII Certamen de Cortometrajes en Vídeo de Almería en Corto. Es el quinto festival en el que se proyectará, el tercero a concurso. Para celebrarlo, lo volví a ver y como siempre en estos casos, asaltan las dudas, sobresalen los fallos. Recuerdas las opciones deshechadas y escuchas a Carlos diciendo que debería cortar aquella pausa, o alargar aquel otro plano. Es inevitable, pero para bien o para mal Félix ya bajó el toldo, quien sabe si por última vez.

02 April, 2005

Claude Chabrol en la bañera

En un delirante artículo publicado en EL PAIS el viernes 1 de abril, Ricardo Boffil afirma haber buscado "una nueva forma de rodar" en su debut como director de cine. La película, que se llama "Hot Milk" y que se estrenaba el viernes día 8, "no tiene mensaje" alguno según palabras de su propio director y guionista y que "es un canto a la libertad". Unos párrafos mas adelante, Boffil confiesa sin ningún tipo de rubor que "el guión no es lo mas fuerte de la película". En su particular búsqueda de nuevos modos de rodar una película, Boffil al parecer ha preferido prescindir del guión, que a fin de cuentas es el alma de una película, en pos de un "nuevo lenguaje, diferente al cine tradicional". Sinceramente no entiendo nada de lo que habla Ricardo Boffil, ni tan siquiera cuando lo hace por escrito. Unas páginas antes, el mismo día, en el mismo periódico, Claude Chabrol hablaba en una entrevista de una página de su nueva y esperada película, "La demoiselle d'honneur". "Pretendo llegar a la sencillez más absoluta" comenta Chabrol, mientras se fuma un puro en una bañera. Releeo la entrevista de Octavi Martí desde París y me pregunto si el hijo del arquitecto, licenciado en Dirección cinematográfica por una prestigiosa universidad de Estados Unidos ha visto alguna película del viejo Chabrol. Lo dudo. En la entrevista, Chabrol dice cosas como esta: "Los planos duran lo que tienen que durar y hay los que tiene que haber". Seguro que a Boffil no le enseñaron nada parecido en la escuela en la que estudió.

01 April, 2005

Etiquetados Convenientemente

Francisco Martínez asegura esta semana en un periódico local de tirada gratuita, estar "muy ilusionado y confiado en que su cortometraje esté entre los seleccionados a concurso". El cortometraje es "Abierto Desde 1954" y el director soy yo, pero no recuerdo haber dicho nunca algo parecido. Carmen González, que firma el artículo, me llamó por teléfono hace unos días. Me despertó, pues debían ser poco mas de las diez de la mañana y yo a esas horas suelo estar en mi primer sueño. Estuve hablando con ella como unos cinco o seis minutos aunque no recuerdo absolutamente nada de lo que pudimos decirnos el uno al otro, aunque eso sí, estoy seguro de no haber dicho una frase parecida a la publicada. Para el la IV edición de Almería en Corto se han presentado 373 cortometrajes en soporte cinematográfico y 181 en vídeo. "Abierto desde 1954" está entre ellos. Un corto de dos minutos y medio producto de una imagen que me estuvo rondando la cabeza durante semanas hasta que tuve la oportunidad de materializarla. Pablo A. Quiroga estuvo por allí y me echó una mano. Sheila y Carlitos me instruyeron en el Avid y hoy, casi diez meses después, todavía me sorprendo de que el corto se haga un hueco entre ilustres competidores y ajustados palmarés. Aunque nunca lo haya dicho, puede que la periodista de ese periódico local si que tenga razón después de todo y sí que me ilusione ante cada nuevo festival que nos presentamos. Quizá, entre sueños, se me escapó. Hasta entonces, Félix espera, amontonado entre 180 vídeos más, en alguna caja desordenada, en el estante de una improvisada estanteria, etiquetado convenientemente.