27 February, 2005

Diez horas antes de los Oscars

Lo único que preocupa a la organización de la ceremonia de entrega de los Oscars, es la lluvia. Todo lo demás está bajo control. La lluvia no. Desde hace semanas una actividad frenética se ha apoderado del teatro Kodak y alrededores. Decenas de trabajadores doran las estatuillas, ensayan los movimientos de Clint Eastwood y una horda de policías levantan las empalizadas para que los fans histéricos no arranquen los diamantes a sus estrellas favoritas. Viéndolo todo por televisión me pregunto porqué no pondran también vallas de seguridad en los restaurantes israelíes por ejemplo, e impidir que suicidas fanáticos se inmolen en nombre de quien sabe qué o quien. Nada, desvariaciones ante la sobredosis de premios, noticas entremezcladas en los titulares y claro está, los nervios de mentirijilla ante la noche de los Oscars. No me atrevo a profetizar triunfo alguno porque me falta información, porque me aburren los Oscars de este año. Alejandro Amenábar ha triunfado en los Independent Spirit Awards, Almodóvar ha perdido su quinto César que sí ha ganado Ken Loach y Emir Kustorica. La imagen para el recuerdo ya la he visto; una histerica Halle Berry, Oscar en la mano izquierda recoge emocionada, dos años despues de ganar el Oscar por Monster Ball, el Razzie a la peor actriz del año por Catwoman. Uma imagen que sirve para quitar hierro y trascendencia a esta noche, igual de fria que tantas otras.

24 February, 2005

Who's Afraid Of Virginia Woolf, Virginia Woolf...

Después de todo lo que ha ido sucediendo estas dos últimas semanas esto comenzaba a parecerse a la página de necrológicas de un periódico y no a un diario de cine. Reseñas breves, teñidas con algo de nostalgia, de congoja. Cosidas con la imposibilidad de volver a recuperar un trozo exacto de eso que se ha perdido para siempre. Reseñas en cualquier caso, en las antípodas de las que redacta Jude Law como editor de necrológicas en una de las películas imprescindibles de esta temporada, "Closer", de Mike Nichols. A sus 74 años, este alemán afincado desde toda su vida en Estados Unidos, demuestra estar en perfecta forma cuando aproxima su mirada al devenir de dos parejas imperfectas, incapaces de disfrutar de la felicidad que les ha tocado vivir. Todo por culpa del deseo, ciego e irracional. Culpa también de la carne, de las miradas y en menor medida, de los labios de Jude Law y Natalie Portman. Nichols que debutó mil años atrás con la versión cinematográfica de "¿Quién teme a Virginia Woolf? retoma la base teatral y el verbo sucio de aquella con significativas diferencias. En primer lugar, lo explícito de su texto. En "Closer" todo está a la vista lo que termina debilitando la historia y sobre todo a los dos personajes centrales, Anna y Dan (Julia Roberts y Jude Law) en beneficio de los actores secundarios. Y es que la función es de Natalia Portman,caminando lentamente entre la muchedumbre de Piccadilly Circus mientras suena "The blower's daughter" de Damien Rice (canción que no puedo dejar de escuchar una y otra vez) y de un Clive Owen desencajado por el dolor que le produce ver como su mujer es incapaz de ser felíz. No es "Closer" la película del año, a pesar de que haya salido de la sala de cine especialmente entusiasmado por haberme encontrado ante unos personajes adultos que se enfrentan de un modo adulto a sus problemas, sin apelar a trucos fáciles de guión, ni pirotécnia, ni mojigatería hollywoodiense. Su excelente guión y la aséptica dirección de Mike Nichols hacen de "Closer" una película muy estimulante desde distintos puntos de vista, aunque imperfecta en su casting y en su resolución temporal. Julia Roberts no está a la altura de la Elizabeth Taylor gorda y fofa que atascada de alcohol cantaba aquello de "Who's afraid of Virginia Woolf... Virginia Woolf".

23 February, 2005

El impecable cielo azul de Hunter S. Thompson

Hay un determinado tipo de películas creadas para fomentar culto. Tengo por costumbre no tomar muy en serio a aquellos tipos que me dicen que Tarantino es Dios y hay exactamente dos títulos que se han convertido en cabecera de una nueva generación de espectadores (no me atrevo a llamarlos cinéfilos) y que la definen. Uno es "El Gran Lebowski" de Joel Coen, una película que odio particularmente, el otro "Fear And Loathing In Las Vegas" de Terry Gilliam. No pretendo ser despectivo, sinceramente. A veces incluso me equivoco. Cuando conocí a Carlitos, por ejemplo, afirmó con seguridad que "El Gran Lebowski" era la gran película americana y a pesar de eso es un tipo estupendo al que quiero de verdad, un muy mejor amigo y un montador ejemplar. Precisamente a propósito de Carlitos y de Hunter S. Thompson va todo esto. Ihara me recordaba un par de post mas abajo que a la par que Sandra Dee y Guillermo Cabrera Infante nos dejaban, Thompson se pegaba un tiro en su rancho de Aspen. He llamado a Carlitos nada mas enterarme. Thompson, además de ser uno de sus escritores favoritos, había sido la inspiración de su mejor disfraz de carnaval cuando junto a Alvarito salieron a la calle como si Benicio del Toro y Johnny Depp se tratara en "Fear and loathing in Las Vegas", la muy descafeinada adaptación cinematográfica de Terry Gilliam sobre la novela mas famosa de Thompson. Muy afectado, Carlitos me ha dicho que se ha ido a almorzar al restaurante mas caro de Barcelona con una buena amiga, fundiéndose a costa de la empresa la friolera de 500 euros. Hunter bien valía eso y mucho más. Lástima que su visión gonzo del periodismo no prosperara, aunque pensándolo bien quizá si lo ha hecho. ¿Cómo si no se entiende la manipulación de las editoriales de los principales periódicos nacionales de este país?. Me imagino a Thompson, a mil kilómetros de todo, tranquilo en su rancho de Aspen, alucinando con el impecable azul del cielo, con la pistola en la mano, después de escribir su último blog. Hunter debe estar ahora sobrevolando cielos de los mas vistosos colores. Que demonios... Hunter S. Thompson ha muerto y punto. Vámonos a comer!.

22 February, 2005

Good Bye Sandra Dee...

En una de las secuencias mas memorables de la terrible película "Grease", una muy ñoña Olivia Newton-John era motivo de mofa de las Pink Ladies, mujeres de armas tomar, embutidas en cuero y lideradas por una estupendísima Stockard Channing. Para escenificar la mofa en cuestión, las Pink Ladies se colocaban sendas pelucas atestadas de laca y motivos rosas para sus imposibles camisones mientras desafinaban contra Sandra Dee, en la que se miraba la mojigata Sandy. Hoy, en uno de los programas de corazón que salpican las televisiones nacionales me he enterado de que Sandra Dee, la auténtica, ha muerto a los 63 años en Thousand Oaks, en el estado de California. No podía ser de otra manera. Sus familiares, no han querido hacer mucha ceremonia con la defunción asegurando que su deseo es que el mundo recuerde a Sandra Dee tal y como fue cuando rozó el estrellato. Eso ocurrió, muy fugazmente, entre 1959 y principios de los sesenta. Su película mas memorable, "Imitación a la vida" del gran Douglas Sirk. No le falta razón a los familiares de la difunta Sandra Dee. Mas allá de su carrera, mas bien mediocre, Sandra Dee ha permanecido como icono de una generación fugaz que idealizó las playas de California, las melodías mas romanticonas de Elvis Presley y vestidas de colores chillones, minifaldas políticamente correctas y pelucones imposibles impecablemente teñidos de rubio soñó con el sueño americano. De ese sueño las despertó, de una patada en el culo Stockard Channing, la Rizzo de "Grease". Hasta la mojigata de Olivia Newton-John se daba cuenta al final de la película de que si quería llevarse a John Travolta, iba a tener que cambiar el rosa fucsia por el cuero negro y así lo cantaba... "Good Bye... Sandra Dee". A pesar de todo, siempre habrá un hueco para la nostalgia, para lo kitch, para la naftalina y para el rancio modo de entender el mundo, de Sandra Dee.
En otro orden de cosas (y de entenderlas) el noticiario del Canal 24 Horas me acaba de anunciar que Gabriel Cabrera Infanta también ha muerto. Cinéfilo hasta la médula, sus críticas cinematográficas me han ayudado a querer y entender mucho más y mucho mejor todo esto del cine. Curioso que dos modos tan opuestos de sobrevivir, se hayan ido con tan pocas horas de diferencia. Quizá en el espacio que separa a Sandra Dee de Cabrera Infante esté el secreto para comprender mejor todo lo que pasa a nuestro alrededor y al de la pantalla en blanco de una sala de cine.

18 February, 2005

Diario de un proyeccionista 4 / Desmontando a Alejandro Magno

Me huelen las manos, las uñas y el pelo a películas. Lo ha dicho mi Madre y será verdad. Hoy estaba sólo en cabina y encima era día de salida. Hasta cinco películas que volvían a casa. Bob Esponja, al fondo del mar, Carmen Maura a París, Robin Williams a la memoria de los muertos, Edward Burns a su idílico Hell's Kitchen y Alejandro Magno, a Macedonia. Desmontar una película es uno de los procesos más arduos y también duros que tiene el oficio de proyeccionista. Con la película en marcha, comienzas a desmontarla, de dos en dos bobinas o de tres en tres, depende. El público en la sala permanece ajeno al ajetreo en cabina y mientras la película va avanzando hacia su final, yo la voy devolviendo, desde la mesa de operaciones, a sus latas originales. Cinco, seis... diez, en el caso de "Alejandro Magno". Algún día debería filmar todo el proceso. No es sólo el hecho de desmontar la película, es todo lo que, a un nivel más profundo, significa esa última proyección. Al trabajar en un cine de "repertorio", pocas veces trabajo montando estrenos, por lo que de algún modo, todas las películas que me llegan, vienen a realizar su última función. Sus últimos quince, veinte, treinta pases. Una vez más, el cine se ha encargado de reflejar ese último momento y me acuerdo ahora de "The Last Picture Show", una de las grandes películas americanas de todos los tiempos. Nosotros todavía vamos a aguntar un pase más.

17 February, 2005

Erice en caso de emergencia

Escribo este post y lo dejo ya, por ahora. Lo del cine español digo. La última idea me la ha pasado Ihara en uno de sus siempre bienvenidos comentarios, a propósito de Borau, Erice y Gonzalo Suárez. LLegados a este punto, y apelando a Erice (que sólo tiene cuatro películas), creo que nos pusimos demasiado pesimistas (o me puse). Erice en caso de emergencia, en este caso, para salvar al cine español. Yo sin embargo, quería hablar hoy de Gonzalo Suárez. Alejado de las pantallas de cine desde el 2000, Suárez en todo este tiempo ha escrito, ha apadrinado a cortometrajistas, ha intentado dirigir una escuela de cine (de la que me siento un poquito responsable) y ha montado una obra de teatro sin mucho éxito, "Arsénico por compasión". Ahora ha vuelto a Asturias y ha vuelto a rodar. Lo nuevo se llama "El Genio Tranquilo". Suárez rueda sin una productora detrás y con una cámara de vídeo digital que le ha prestado su buen amigo Fernando Trueba. La película, de corte experimental, rodada con actores semiprofesionales, gira alrededor de las tribulaciones creativas de un joven director de cine sin medios. Con 71 años, Suárez reivindica la experimentación como descubrimiento y como despertar. Recuerdo alguna clase magistral con él y lo recuerdo sorprendiéndose a sí mismo, décadas atrás viendo proyectados sus primeros y magníficos cortos, hebrios de libertad, bañados de surrealismo, superando el paso del tiempo. Supongo que en esos primeros pasos están los gérmenes de ese nuevo proyecto. Un proyecto que inyecta algo de esperanza y espectativas al nuevo cine español. Y todo eso, pasados los setenta.

16 February, 2005

París no existe

Si Ventura Pons no vá a salvar al cine español, al menos disfrutaremos de él hasta que desaparezca irremediablemente. Hoy he tenido un día tranquilo y las máquinas me han dado un respiro. Tiempo suficiente para bajar a la sala 1 y ver "Entre vivir y soñar", la cuarta película ya del tandem Albacete & Menkes. Viendo la película me pregunto quién se puede atrever a financiar una comedia dulce sobre una cuarentona en crisis aunque en realidad lo que estoy pensando es quién es el culpable de que estos dos directores sigan en activo. Pienso en lo que le cuesta a Gonzalo Suárez levantar una película mientras que a directores con un corto en vídeo bajo el brazo le producen suicidios fílmicos arropados en suculentas subvenciones. La última película de Albacete & Menkes es peor que "Sobreviviré" pero mucho mejor que "Más que amor frenesí" y a años luz de "Atómica". No es mucho decir, la verdad. Carmen Maura asume toda la culpa y París hace el resto. Me refiero, claro está, al París del cine. Porque en realidad, París no existe. Las películas se han encargado de mostrar un París de postal, con colores chillones y terrazas atestadas de bohemios imposibles. Patrañas, evidentemente. El París que recorría frenéticamente Amelie Poulain, en el que moría la Satine de "Moulin Rouge", o sobre el que volaban Fernando Ramallo y Lucía Jimenez en "La Buena Vida" no es un París de verdad. Es cosa del cine. El París de verdad es aquel al que nunca llegaban los padres de Ramallo en la película de David Trueba antes mencionada. Como la América en la que nunca atracaba el barco mohoso que dirigía Gianni Amelio en "Lamerica". El París que se inventan Albacete & Menkes es el hermano pobre del que se inventaron un siglo atrás Vincent Minnelli y Gene Kelly en "Un Americano en París", salvando las inmensas distancias. Un París acartonado, como la propia película, que evidencia las transparencias y el forillo de postal. A ver quien se atreve ahora, a financiar el quinto suicidio de la pareja, ya no tan de moda.

15 February, 2005

Ventura Pons no va a salvar al cine español

La Berlinale ha querido premiar a Fernando Fernán Gómez con un Oso de Oro a toda su carrera. Fernán-Gómez, que ya tiene dos Osos de Plata ha preferido quedarse en casa, con algo de gripe, a viajar hasta Berlín y recibir honores. Ya lo había hecho antes. Que yo recuerde, los dos últimos Goyas que ha ganado, como mejor actor por "El Abuelo" y como mejor guionista por "Lázaro de Tormes" no fue a recogerlos. Su hija, pizpireta mujer algo infantil en sus modos interpretativos fue la encargada de recoger ambos premios. Hasta se hizo famosa por eso; Juanjo me confesaba que aunque no soportaba a Fernán Gómez siempre quería que ganara todos los premios del mundo para poder volver a ver a aquella mujer, de profesión recogedora de premios. En Berlín ha recogido el premio en su nombre Emma Villarasu, actríz con la que comparte cartel en "Para que no me olvides", que se presenta fuera de competición en el susodicho festival. En su carta de agradecimiento, Fernán-Gómez, siempre mordaz, ironiza sobre la situación del cine español y las (malas) críticas con las que hablan de él fuera de nuestro país. Tímidamente el 2005 va recibiendo a las primeras películas españolas. La reacción en taquilla ha sido, de momento, aún más tímida. Quiero decir, que no hay síntomas de recuperar los tres millones de espectadores de cine español que perdimos en algún momento del ya lejanísimo 2004. Seamos sinceros entonces; Ventura Pons no va a salvar al cine español, aunque Santi Millán enseñe su miembro al respetable. No. Ni Ventura Pons, ni Albacete y Menkes (que estrenaban hace dos semanas sin que nadie se enterara la muy sosa "Entre vivir y soñar") y mucho me temo, que ni Fernán-Gómez lo hará. Pienso en la posibilidad de realizar un remake de "El Extraño Viaje", pero enseguida me doy cuenta de que esa película ya está hecha y que no hace falta volver a hacerla. Además, está la cuestión de encontrar sustituta a Lina Canalejas y eso es imposible. No sé como salvar al cine español. Se debería de salvar el mismo... al menos, antes de que lo haga Torrente.

13 February, 2005

Sin rastro de Steve McQueen

Decía Mr. Increíble al comienzo de la última producción de la Pixar, "Los Increíbles" que un superhéroe no podía calzar leotardos y antifaz las 24 horas del día. Los superhéroes, supongo, deben de tener un convenio de altura; sus días libres, vacaciones pagadas y extra de Navidad. Sea como sea, hay momentos en los que necesitas de las dotes de superhéroe y éste no aparece ni por asomo. Los que echamos de menos a Bruce Willis en el WTD el 11-S, nos acordamos esta noche de inverno, de Steve McQueen. Viendo por las distintas cadenas de televisión como ardía el edificio Windsor de Madrid ante la atónita mirada de los cientos de curiosos que se iban congregando alrededor del perímetro de seguridad y los millones de teleespectadores que lo hacíamos desde casa, no pude evitar acordarme de "El Coloso en llamas", película catastrófica por excelencia dirigida por John Guillermin en los setenta y en la que Steve McQueen hacía las veces de bombero-héroe de la función. Como siempre, la realidad supera la ficción. Lo hace cada día. A cada momento y sin que a veces, nos demos cuenta. No son sólo las inundaciones, los terremotos, los socavones (menuda palabreja tan de modo), el exterminio o los asesinatos selectivos. Cotidianamente, la realidad deja en pañales a la ficción más cruda. Ni tan siquiera Perry Smith era un personaje de ficción. Ojalá. Decía Arthur Miller que a él lo que le gustaba era crear personajes. Personajes de una ficción interpretada por actores. Un modo de exorcizar los atroces titulares de la prensa diaria, quizá. Esta noche lo hemos vuelto a ver. La televisión y su peligrosa tendencia a convertir en espectáculo todo lo que retransmite ha hecho del incendio del Windsor el late night del sábado noche. En Tele5 ha sido el programa de crónica rosa, "Salsa Rosa" el encargado de informar hasta pasadas las cuatro de la madrugada. No he escuchado los politonos para el móvil; me pillaría zapeando. En cualquier caso, lo que mas me ha llamado la atención, hasta asustarme, ha sido la imposibilidad de evitarlo. Los curiosos que se iban congregando en directo, aprovechaban la ocasión para hacer fotografías con sus teléfonos móviles mientras que desde casa, contemplábamos como el edificio se iba desmoronando sin que bomberos, policía o superhéroes de andar por casa pudieran hacer nada. Lentamente, las llamas van consumiendo la estructura y destruyéndolo todo. A las cuatro y cincuenta y nueve minutos de la madrugada, no hay rastro de ningún superhéroe. Ni tan siquiera de Steve McQueen.

12 February, 2005

La mujer más triste

Las máquinas están ya viejas. Tienen sus pequeñas manías, su trato preferente. Aunque sólo llevo un mes y poco más, ya he comenzado a entenderlas. Sé que a la máquina de la sala 5, hay que frenarle manualmente los patines porque si no tensa demasiado la película. La ventanilla de la de la sala 3 tiembla, de modo que hay que ajustarla con mucho cuidado. Cada una tiene sus achaques y te dan un susto al menos por semana. Hoy le ha tocado a la sala 1. Los fusibles otra vez, minutos antes de que comenzara el último pase de "La Memoria de los Muertos". No he conseguido cambiárlo, porque al parecer está atascado. Simplemente lo he acariciado, encajándolo lentamente y la máquina ha comenzado a funcionar. Un día largo, sí, a punto de darme de baja por culpa de una película que iba demasiado deprisa. Ha pasado casi de todo. Luego, de vuelta a casa, mientras abría un zumo de coco y piña me he enterado de que Arthur Miller había muerto. Unos segundos después descubría que el zumo estaba caducado. La prensa escrita y supongo que un Informe Semanal apresurado darán contada información sobre su vida sentimental, su golpe al sueño americano, la ausencia del Nóbel y su última visita a España. Yo recuerdo entonces las fotografías en blanco y negro de Miller y Marylin. "Fue la mujer mas triste que conocí" dijo. De repente, todo se contrae y tú también. Que gente como Miller muera, jode. Mientras que el mundo se va a la mierda con la ayuda de todos los demás, Miller hacía de ese "mundo" un escenario sobre el que sus personajes nos miraban a la cara y nos decían la verdad. La verdad sobre lo que viene después del sueño perfecto. La verdad sobre la resplandeciente estrella de calendario. El desencanto, después de todo. Te vamos a echar mucho de menos, sinceramente. El mundo, ese bicho raro del que a ratos te sentiste tan ajeno, también; "No sé de quien son estos campos que son míos. Los coyotes me miran en la noche. Se preguntan por mí. Todas las cosas del universo se preguntan unas por otras. Hasta los árboles. "

09 February, 2005

No Recomendada Para Menores de 18 Años

Ayer me volví a quedar encerrado en el cine. La culpa la tuvo Alejandro Magno que le dió por romper cabezales, enredarse y dejarme tirado en el último pase. A las cuatro personas que sacaron su entrada a las diez y media no pareció molestarles el contratiempo (que de paso les ahorraba salir de madrugada y les hacía volver a casa a una hora decente). Optaron por ver "Ocean's Twelve", mientras yo, en mangas de camisa, cambiaba los fusibles de la tarjeta y revisaba cadena, correas y sensores. Cuando terminé, gracias a la inestimable ayuda de Antonio, me encontré ante mí con tres horas que rellenar. Enrique se marchó cuando Oceans y sus colegas terminaron de timar a los franceses de turno. Sin saber muy bien con que matar el tiempo, me metí en la sala 2 y ví "La Matanza de Toolbox", una película gore dirigida por Tobe Hooper que se estrenó hace un par de semanas y que nadie ha visto. La noche era propicia. Fuera, la lluvia terminaba de deshacer la nieve que los coches y autobuses habían acumulado en las aceras y arcenes. Mi madre llamó por teléfono haciéndome notar los espectaculares truenos que hacían temblar las ventanas. La tranquilicé; le dije que todo estaba bien y que tuviera velas a mano (por si se caía la electricidad). La película empieza bien. Un tipo enmascarado descuartiza a una actriz debutante con un pico mientras la sangre salpica a la propia cámara. Tobe Hooper que ya mostró los buenos usos del pico en "La Matanza de Texas" ha conseguido estrenar en salas comerciales "La matanza de Toolbox" después de años encerrado en televisión por cable y episodios sueltos. Me gusta Tobe Hooper, quizá porque gran parte del imaginario de mis peores pesadillas infantiles están pobladas por imágenes creadas por él: la nieve de la televisión, los armarios y los árboles en "Poltergeist", los frigoríficos y las sillas de ruedas en "La Matanza de Texas", los crucifijos y los vampiros calvos en "El Misterio de Salem's Lot"... Su última película no es nada buena, la verdad. A pesar del cartel que reza "No recomendada para menores de 18 años", son precisamente, los niños de entre diez y trece años, los que han llenado la sala estos días. Se les avisa antes de entrar, como en aquellas películas en blanco y negro en las que un tipo muy elegantemente vestido, te advertía de los horrores que se avecinaban. Yo hago de hombre elegante y les digo todo convencido de que la película les provocará terribles pesadillas. Ellos ríen, convencidos de que así será, pero espectantes. No me extraña. Yo también fuí uno de esos niños que no debió ver en su día como Cara de Cuero descuartizaba a aquella adolescente antes de confinarla en un oxidado congelador, pero... ¿de qué tendría miedo entonces?. Mejor temer al Hombre del Saco o a Freddy Krueguer a los doce años que al Asesino de la Baraja o a Ariel Sharon, por poner un ejemplo.

07 February, 2005

Diario de un proyeccionista 3/ La cabina

Debía hacer como cinco meses que no veía a Diego. Diego es un brillante programador informático (aún sin tener idea de lo que es ser un programador informático) y además, un mejor amigo desde hace un montón de veranos. Esta Nochevieja no pudimos estar juntos y claro que lo eché de menos. Desde que se largó a Madrid le he prometido un centenar de veces que me pasaría por su piso de Lavapies pero el puente aéreo nunca me funciona de modo que cuando ayer me lo encontré aquí me llevé una enorme sorpresa. Normal. Nos pusimos al día. Él sigue sin tener mucha idea de programar ordenadores, yo aprendo a poner películas. Él está mucho mas delgado, menos pelo. Yo... yo no sé. Hablando con él me dí cuenta de lo "romántico" que suena todo eso de ser proyeccionista de cine. Giusseppe Tornatore tiene la culpa, claro. "Cinema Paradiso" mitificó la cabina de proyección y ese foco de luz blanca que proyectada sobre una pared, hace que cobren vida las historias más extrañas, fascinantes o terroríficas. La cabina como espacio que te aisla de la realidad y sus titulares: dieciocho muertos por inhalación de gas, liberalización de horarios en los pubs del Reino Unido, el Papa que se recupera otra vez, el Barça que pierde en el Camp Nou después de tantos años... La realidad del oficio de proyeccionista, sin embargo, dista bastante de lo que nos contaba Tornatore. La realidad pasa por diez horas de embargo, esperando que "Alejandro Magno" termine de conquistar la India, por ejemplo. En realidad, son peros, a un trabajo que disfruto a cada minuto, que me revela una y otra vez una película distinta, por insulsa que sea (aunque eso no quite que odie con todas mis fuerzas a Oliver Stone, por supuesto). Cuando por fín me decida a visitar a Diego, me encantará con él bajar de casa, cruzar la calle y entrar en la filmoteca. Ahora mismo me han entrado ganas de ver "El fantasma y la Sra. Muir".

06 February, 2005

Un Litro de Quick & Brite

Se disculpa Ihara en un post mas abajo de no haberse pasado por aquí ayer. Ihara no tiene porqué disculparse de nada, porque bastante hace por teclear una dirección tan larga como la de este blog, leer algo y encima, escribir de vez en cuando. Aunque ya lo pensé el primer día que apareció por aquí es ahora cuando me he dado cuenta de la extraña responsabilidad que supone todo esto. Es decir, hasta ahora, no era consciente del que todo de que alguien pudiera leer lo que escribía (salvo algunos amigos a los que obligo a conciencia). Ahora sé que Ihara, y puede que incluso un par de personas más, lo hacen y eso me gusta. Me gusta establecer contacto e intercambiar el anecdotario cinematográfico de nuestras vidas. Me gusta romper los monólogos con largos post. Hoy por ejemplo, de madrugada, después de tomar unas Heineken con Diego y Juanjo en un sitio bastante horrible, me he encontrado con "Asediada" en A3. He estado buscando esa película desde hace mucho tiempo por centros comerciales, páginas especializadas y en la prensa deportiva del domingo, pero en vano. Hoy de repente, zapeo y me la encuentro, ya a punto de finalizar. Desde que la ví en una de las microsalas del Aliatar granadino he querido volver a verla. Me quedé enganchado. Por la música de Alessio Vlad, por los labios de Thandie Newton, por aquel inmenso piano de cola suspendido en el aire, mientras intentaban meterlo por una enorme ventana. Por esa Roma desierta, tan igual y tan distinta a la Roma de verano de Nanni Moretti. "Asediada" es de esas películas que necesitas digerir durante los créditos. Cuando ves "Independence Day", sales corriendo, con prisas de la sala. Te importa un pimiento el tipo que ayudó al tipo que hizo el café al jefe de la segunda unidad de efectos especiales. En "Asediada" también te importa un pimiento el nombre de ese tipo, pero necesitas ese intervalo de tiempo, esos cuatro, cinco, diez minutos de créditos para, desde tu asiento, digerir su final, entender su ausencia en el plano final, encajar todas las piezas. Pero no. A3 ha cortado de tajo los títulos para dar paso a un brillante teletienda de "Quick And Brite", un asombroso limpiador de microondas. Creo que también sirve para dejar superficies relucientes y pulverizar las zapatillas. Yo, medio transtornado, he intentado moverme noventa centímetros mas allá, pero entonces, justo cuando estaba a punto de caerme, ha sonado el teléfono. Era Pablo, borracho, incapaz de llegar al Monte del Destino. Posdata: Gracias Ihara por seguir por aquí!

03 February, 2005

Los cientos de festivales perdidos

Nacho Vigalondo ha revolucionado al personal con su nominación a los Oscars como Mejor Cortometraje de ficción con el musical casero "7:35 de la mañana". Vigalondo ha protagonizado los apuntes y cierres de un buen puñado de informativos nacionales, entre ellos la tercera edición de T5, donde ayer hablaban de su página web, un blog, donde ya había colgado su premiadísimo corto. Movido por la curiosidad tecleé su nombre en el Google y eché un vistazo. En la página se pueden ver todos sus trabajos (si le interesan a alguien) y además habla de todo lo que está sucediendo a su alrededor. Me acuerdo entonces cuando Vigalondo presentó su corto en el Festival de Gijon hace un par de años. No lo conocí personalmente, aunque me crucé con él alguna vez mietras me dedicaba a perseguir a Hal Hartley con Carlitos, Pablo y una Betacam Digital. La verdad es que no me cayó bien entonces. Ya ves. Una estupidez como otra cualquiera. Leyendo por encima lo que contaba a propósito del Oscar y la fama, me llamó la atención la sencillez con la que lo digería todo. Frente a las decenas de premios que el cortometraje ha ido acumulando, Vigalondo hablaba de los cientos que perdió. Frente a los festivales en los que había sido seleccionados comentaba los mil que no lo habían hecho. Frente a la nominación al Oscar hablaba sin rencor del olvido en los Goyas, el año pasado. "AD1954" se ha caído del Zemos98 de este año. Esta mañana he recibido un email con los seleccionados y nos hemos quedado en una muestra fuera de concurso. Siguiendo las instrucciones de Vigalondo, seguiremos adelante. Por cada festival que nos rechace lo enviaremos a cinco más. De momento, la próxima cita para verlo, el 19 de febrero en la Casa de la Cultura de Cambrils (Tarragona).

01 February, 2005

Allen, por orden alfabético

Un poco mas abajo, Ihara me proponía una lista con sus directores favoritos. Hablaba de Fassbinder, Kurosawa, Tarantino o Rohmer. No tiene mal gusto, no. Inevitablemente, mientras le respondía complaciente, comencé a construir en mi cabeza mi listado de directores favoritos. Echaba en falta en su lista a Woody Allen. Manu siempre dice que odia a Woody Allen y yo siempre le respondo que vea "Manhattan" antes de decir una cosa así. Todavía no me ha hecho caso, aunque poco después me dijo que había alquilado el DVD de "Hannah y sus Hermanas" y le había gustado. Menos mal. No sé si a Ihara le gusta o no Woody Allen pero en mi lista de directores seguramente, Allen estaría por ahí, por orden alfabético. De pequeño siempre me gustó Victor Fleming, aún sin saber quien era. Sabía que su nombre aparecía estampado en "Capitanes Intrépidos", en "Lo que el viento se llevó" o en "La Isla del Tesoro". Me daba muchísima rabia, leer que Fleming no era un autor. Que era un director de estudio. ¿En que me convertía eso a mí?. Algo parecido me ocurrió, pocos años después, con Michael Curtiz. "El Lobo de Mar", "El Capitan Blood" o "Robín de los Bosques" támbién eran las películas de un director de estudio, un artesano, pero no un autor. Se podría decir lo mismo de Richard Thorpe, Robert Siodmack, W. S. Van Dyke, Raoul Walsh. Años después, dejo las películas de piratas, entro en la adolescencia y descubro que por fín, uno de mis directores favoritos, Woody Allen, además de hacerme reír, es un autor. Yo no sé si Woody Allen es un autor o no. Manu diría muy probablemente que no lo es. Que está muy mayor, pero claro, Manu piensa que "Cachitos Picantes" es culpa de Allen. Yo más bien diría que Bergman, Tati, Chaplin... si son autores. Lo tenían mas fácil, eso sí; estaban inventando el cine. Bergman lo sigue haciendo, en "Saraband". Dicho todo esto, soy incapaz de elegir a mis directores favoritos, aunque sé que nunca me he cansado de volver a "La Isla del Tesoro", de descubrir a "Los Contrabandista de Moonfleet", de pasar una noche más que Boris Grushenko.